Puchuncaví, Mejillones, Huasco, Tocopilla y Coronel son las denominadas zonas de sacrificio, todo por el “progreso” del desarrollo industrial del país. Las consecuencias tras varios años ya son más que visibles, sin embargo, lo que preocupa es la complicidad de parte de las autoridades tanto para el impulso de estos megaproyectos como para la nula fiscalización de la contaminación que es medida por las mismas empresas contaminantes.

Cuando se observa el futuro patente que conlleva la instalación de estos proyectos y lo difícil que es sacar a estas industrias una vez que el daño está hecho, no queda más que prevenir luchando contra estos proyectos antes de que se instalen, más allá de si la contaminación está dentro de la norma, más allá de las compensaciones que realicen las empresas, más allá de las miles de promesas de “progreso” que vienen las consultoras a hacer en nuestra comuna: es decir, pensar un poco más allá de nuestra generación y reflexionar acerca del futuro que queremos legar a nuestros hijos y nietos.

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